Por Gabriela Vaca Jaramillo
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Es claro que a nivel mundial existe mayor preocupación por la producción textil debido a los factores ambientales y de derechos laborales que están por detrás de las grandes industrias. En este sentido, existen fundaciones y tiendas que han adoptado este giro de negocio en cuanto a la ropa de segunda mano, que se podría decir que es la evolución de una venta de garage, pero en el caso de las tiendas se puede ver prendas casi nuevas y de marcas reconocidas, lo que ha permitido que el target de compradores también se amplíe, ya que se puede conseguir estas marcas y prendas en buen estado a un buen precio.
Una muestra de la evolución del consumo de prendas de segunda mano en el país es la tienda Amigui. Se trata de un negocio con más de cinco años en el mercado que cuenta con varios puntos de venta y de acopio distribuidos en varias zonas de Quito, incluyendo el Valle. En Quito, en promedio se recopila prendas de más de 350 personas mensualmente para luego ofertarlas a nuevos consumidores. En el caso de Amigui su oferta varía desde 1.99 dólares hasta los 15 dólares, en productos que incluyen jeans, tops, vestidos; ropa y juguetes de niño de marcas como Zara, Tommy Hilfiger, Naf Naf entre otros.
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Este mercado es una muestra de la evolución que ha tenido este tipo de consumo dentro de los periodos establecidos en la región por Trend Watching.com, además de ser una muestra del desarrollo de consumo que estamos teniendo como región.

Según Gabriela Vásconez, de Amigui, la empresa nació enfocada en el tema ecológico y social que trata de poner en circulación aquella ropa que está refundida en nuestros clósets, sin darle uso, y con ello se alarga la vida útil de las prendas, contribuyes con el cuidado del planeta y logras ofrecer al público ropa en buen estado, de marca y a precios muy accesibles.
«Esto funciona como una cadena, por ejemplo si tienes una prenda que no te queda y no la usas puedes venderla en las tiendas de Amigui o en nuestros centros de acopio y se venderá esta ropa para que alguien más pueda darle uso. Es bueno para la gente porque puede comprar sin endeudarse como suelen hacer sin medida cuando de adquirir ropa se trata. Tienes la ventaja de que puedes observar cosas buenas», explica Gabriela.
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Para vender la ropa hay que hacer una selección, se trata de una empresa que cumple con procesos de calidad para verificar que las prendas tengan potencial para ser un producto. Empezaron hace 7 años y se han profesionalizado el negocio, incluso tienen códigos de barra, etiquetas, vestidores, etc.
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Amigui es como un negocio más formal en la tendencia de compra de ropa usada, hay cuatro puntos en la ciudad para que la gente los visite y pueda probarse varias prendas: 10 de Agosto y Colón, frente a la Circasiana; 10 de Agosto y Checa, sector Consejo Provincial; Benalcázar y Olmedo, junto a servipagos en el centro y Valles: Tumbaco, Av. Interoceánica y Vicente Rocafuerte, sector Santa María.
A criterio de Estefanía Cardona, especialista de Marketing y comunicación de Moda, la tendencia global refleja que el ser humano dejó de programar y administrar sus compras de indumentaria, por ejemplificar esta idea: si vas a un país europeo, según la arquitectura de los edificios podemos observar clósets más pequeños que los que tenemos en Latinoamérica y por ende ellos piensan en administrar sus compras pero esta situación es diferente en los países de América ya que si piensas desde tu caso, te falta espacio para guardar toda la ropa, que a la final vas a acumular.

«Sólo en EEUU se consumen casi 20 millones de prendas. Otra tendencia es que ponen las fotos de su ropa y venden por redes sociales. Otro ejemplo claro es cuando la gente viaja y trae ropa pero lamentablemente acumula ya que no siempre la usa. Incluso desconocemos todo lo que está guardado en nuestro clóset. Desde 1980 al 2013 las mujeres americanas registran cuatro veces más ropa de lo que tenían en la década de los 60, 70», dice.
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En nuestro continente siempre ha estado presente el tema de la indumentaria de segunda mano pero en el caso de Ecuador, como antecedente, no era algo tan frecuente ni bien visto pero esta situación ha ido cambiando y ves ferias, locales y empresas como Amigui que realiza esto formalmente.
LA SELECCIÓN DE LAS PRENDAS
Para la compra se elige moda, ropa de niños con perdurabilidad de los colores, ropa informal, jeans, tops, zapatos, e incluso accesorios. La ropa de niños queda prácticamente nueva ya que crecen en un abrir y cerrar de ojos.
Está esquematizado el tema de precios a diferencia de las ferias al aire libre.
«Una vez fui a una tienda donde una joven vendió su vestido, mismo que tenía un significado para su dueña lleno de recuerdos. llevaba una nota que decía ‘este vestido lo utilicé en la iglesia donde se casó Julio Iglesias’. La prenda estaba muy bien mantenida y se notaba que su dueña era una chica bien meticulosa por los detalles que tenía el vestido y el valor que cada propietario le atribuye a sus prendas», contó Cardona.

«En cuestión de valores, adquirir estas prendas resulta muy accesible, con $20 puedes salir con una parada nueva. El objetivo es que gastes un 70% menos de lo que pensabas hacerlo en un centro comercial. La idea es que la gente vea una buena opción al escoger la ropa por gastar menos y por las prendas en buen estado. En las tiendas de moda como Zara vale $125 un jean y en promoción $100, en Amigui encuentras desde los $15. Un vestido de fiesta se ve desde $90 a $200, en Amigui consigues desde los $20 así como $6 en ternos para niños.
Somos exigentes en cuestión de clasificar la ropa, deben entregarnos ropa usada pero nada discriminatorio, lavada y planchada. Las prendas que no califican para ser vendida no se botan a la basura, al contrario es donada a diferentes fundaciones», acotó Vázconez.
PARA NO ACUMULAR LA ROPA
La industria de la que se espera ver más acciones en marcha es la textil, misma que según la organización mundial de Fashion Revolution es responsable de cuatro de las mayores ‘enfermedades’ del mundo: explotación Laboral, destrucción medioambiental, extinción del trabajo artesanal y una de las más impactantes, la obsolescencia no planificada. Esto significa que un gran porcentaje de la población mundial, durante décadas, no ha contado con una planificación personal sobre sus bienes textiles.

Estos factores han desencadenado en un desarrollo social sobre el consumo de indumentaria. Una de las reacciones más fuertes a escala latinoamericana es la responsabilidad de consumo, ahora se busca pensar más en el motivo de compra, además de ser comprometidos con la misma; lo que ha resultado en la adopción de consumo de segunda mano. Una modalidad que no es ajena en países como Estados Unidos, España, Italia, etc; pero que está tomando fuerza en Latinoamérica en los últimos cinco años.
Ecuador no es la excepción, y en el caso de Quito se ha identificado un aumento en número de ferias donde mediante la modalidad de renta de espacios se realiza la oferta de productos de segunda mano desde propietario directo hacia el consumidor final como es el caso de La Cafetina.
Además del surgimiento de organizaciones sin fines de lucro como el Street Store Ecuador, en el que mediante donaciones de particulares se realiza una feria para personas de bajo recursos donde pueden adquirir dichas prendas de manera gratuita.