Es difícil clasificar el chicle, porque no se come, sólo se mastica. Y cómo olvidar las advertencias paternas:
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Si te tragas el chicle se te pegará en la panza durante 7 años…
Crecimos para darnos cuenta que esto no era cierto, pero de cualquier forma, tragarse un chicle no podía ser una experiencia agradable. Si les ha pasado saben que es hasta peligrosa. Aunque el chicle ha formado una parte de nuestras vidas desde que éramos pequeños, y no nos dejaban comerlo, la verdad es que su historia va mucho más allá y tiene que ver un poco con la “venta” de Texas y uno de los personajes menos queridos de la historia de México.
¿Qué es el chicle y de dónde proviene?
El chicle, o tzictli en náhuatl, que se mascaba en la era precolombina, es una savia gomosa, un poco dura, aromática y de sabor ligeramente dulce que se obtiene del árbol Manikara zapota, conocido como chicozapote, originario de México. Hasta hace poco los fabricantes de chicles comerciales aún empleaban esta savia, pero la mayoría -desde los años 50- la sustituyeron por el acetato polivinílico como base gomosa, debido a que es más económico. O sea, que el chicle de hoy en día es básicamente plástico (¡De nada!) 😉.
Se sabe que los griegos antiguos masticaban resina de entina, sin embargo el chicle surgió en México debido a los mayas, quienes los españoles vieron en el siglo XVI mascando el famoso tzicli.
Sin embargo, como sucede con casi todos esos platillos antiguos que son populares en nuestros días, pero tienen muchos años de existencia, es que les hace falta alguien que los popularice y los haga famosos, en este caso, fue Santa Anna.
Santa Anna y el chicle
Probablemente, ningún otro personaje en la historia de México tuvo que ver tanto con los platillos típicos y que hicieron historia como Antonio López de Santa Anna, aunque no porque haya sido muy buen cocinero. La verdad es que no es un personaje histórico muy querido por los mexicanos, ya que se le adjudica el haber vendido a Estados Unidos el Valle de Texas. Aunque si somos honestos, los yankees dieron dinero por buena gente porque en realidad esta parte de México se había independizado desde antes.
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De cualquier forma, en menor o mayor manera, gracias a Santa Anna ahora tenemos deliciosos platillos como los chiles en Nogada, o el caldo tlalpeño, no porque él los preparara, sino porque él los hizo famosos.
Durante su tiempo en la cárcel, y en su época de soldado, Santa Anna había masticado tzicli para calmar sus nervios. Esto le había causado gran popularidad entre los soldados.
Años después, cuando se exilió en Nueva York, pensó en hacer del tzicli un buen negocio pues el gobierno de Estados Unidos estaba buscando una forma más barata de hacer caucho, pues en esa época era sumamente costoso. Así que la familia del ex-presidente mandó desde Veracruz un gran cargamento de Tzicli a Manhattan.
Los intentos por convertir el chicle en caucho fallaron y Santa Anna terminó por abandonar la ciudad, dejando los gastos de su intento a Thomas Adams, quien casi acaba en bancarrota. Sin embargo, tuvo la suerte de recordar el otro uso del Tzicli: para mascarse. Así que generó un proceso para poder convertir el chicle en tabletas y le agregó sabor. Así fue como nació lo que hoy en día conocemos como goma de mascar.
Fuentes: Sin embargo, historias mexicanas, México desconocido