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Las patéticas “mujeres trofeo” de La vuelta al mundo en 80 risas

En el nuevo programa de Caracol abunda el chiste ramplón, el acoso y lo mismo de siempre.

Luz Lancheros/ @luxandlan

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Con «Los comediantes de la noche», creíamos que por fin el humor ramplón y la chabacanería habían sido cosa del pasado. Pero con algunos formatos que la televisión colombiana parece empeñada en mantener y que son reflejo del pensamiento de ciertos sectores de su sociedad, esta premisa es una equivocación.

Eso pasa con «La vuelta al mundo en 80 risas», donde las mujeres más bellas de Colombia solamente son lindas y moderadas acompañantes de comediantes que muestran la misma ramplonería, los chistes flojos y el provincianismo como recurso trillado de humor. Porque claro, Colombia en pleno siglo XXI todavía se define por colombianos comiendo lechona en el Central Park y otro tipo de ocurrencias «populares», ya que «pobrecitos, no han viajado y no saben cómo comportarse».

Pero eso no es lo peor: las acompañantes tienen el mismo papel de siempre, el mismo papel que la televisión colombiana le da a una mujer de extraordinaria belleza: el de la mujer moderada, incolora, que está ahí, como objeto para que el comediante (que según la lógica del creador del programa representa a muchos hombres) le haga chistes inapropiados, les mire los atributos y esa es toda su interacción. Esa, además de sorprenderse por todas las ridiculeces que haga el humorista de turno.

Es triste ver a tan talentosas mujeres como Greeicy Rendón, Laura Tobón o Jessica Cediel estar en un destino fantástico y tratar de explicar una experiencia cultural distinta y una visión distinta y ser opacadas por la tontería del comediante, quien es el que domina el relato de lo que pudo ser una experiencia más interesante. Eso, si por lo menos hubiesen tenido a su lado comediantes mucho más inteligentes, contemporáneos y certeros. Qué maravilloso hubiese sido ver a una Liss Pereira (una de las pocas comediantes mujeres de Colombia) contar otras cosas, más allá de las montañeradas que ya se han usado por décadas , como reírse de los acentos de otras personas, como lo hizo Jeringa. ¿En serio? ¿Todavía?

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También es muy triste verlas como pedazos de carne, como si fuera el único propósito de su existencia en el programa: los chistes de desnudos a Laura Tobón, los chistes de Lokillo con el «pan de azúcar» de Greeicy y montones de alusiones grotescas hacia sus atributos. ¿Por qué esto debe seguir siendo gracioso?

Hoy muchos colombianos han salido y están más conectados que nunca con el mundo. Muchas colombianas han visto cosas mejores que un relato anacrónico, sexista y trillado y se reconocen en roles mucho más fuertes. Hay otros que no han tenido esta oportunidad. Pero, ¿es justo para todos ellos darles lo mismo de siempre?

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